Wednesday, June 27, 2007

Toda batalla es una última batalla


Los árboles se preparan para la inminente batalla. Pregoneros y tamboriles se aprestan siempre conscientes a lo indescifrable del momento, son ellos cómplices y testigos, son el espíritu amigo de esta noche oscura y rojiza. Jeremías habla de una luz en la oscuridad, una luz que devora día a día la consciencia dormida. -Debemos estar despiertos, nos dice. Afirmamos en silencio la verdad irrefutable que también sentimos, algo se mueve en nosotros mientras dejamos que la noche nos siga hablando.

La marcha de las nubes alza su intensidad en delirante y danzante hipnosis, y en cada encuentro de ellas con otras, en cada roce de sus figuras etéreas con la atmósfera, en cada choque de sus brazos de algodón rubí, el firmamento tiembla y resuena con todo su poder en telúrico tronar. Es aquí, en este ahora, que nos reconocemos nuevamente en la nada, que nos vemos junto al pulso del cielo acelerando su paso para llegar con premura y sin atraso a su cita con lo inevitable; es aquí, esta intensidad una e infinita, que el universo se hace guerrero, que levanta el cuerpo de su letargo.

Daniel escucha la conversación de los árboles, él dice que el sonido de sus troncos torcerse nos habla de que ellos tienen especial relación con el viento, y que en ocasiones especiales como esta, su fuerza les permite ir con él, y que ellos aceptan esta invitación, dejando por un momento su lugar fijo junto a la tierra. También escucho a los árboles y escucho a sus hojas danzar, mi corazón siente el pulso del cielo que acelera su paso, un extraño aroma de aire tibio delata la inminente lluvia, todo se calla por un instante frente a la voz del viento, comienza la batalla.

Algunas gotas dibujan estrellas negras en el suelo, el silencio comienza a romperse. Cada invitado alza su voz dibujando figuras presenciales, gestos ancestrales de colores casi olvidados. Ellos vistiendo traje de guerra, empuñan una fibra brillante que se funde con el firmamento. Ellos son conducidos a través de carrozas fuego por el campo de batalla. Ellos, con sus cimitarras dirigidas hacia el cosmos, manifiestan su destino al cuerpo, y él les responde mostrándoles el crudo enfrentamiento.

Un relámpago revela la presencia de sombras acechando en la cercanía, un trueno lo confirma. La lluvia se ha desatado con furia y la luz se entrega en ofensiva. Sonidos sordos, destellos lejanos, silbidos, llamados, cánticos, invocaciones, chirridos, golpes secos, ramas quebrarse. Sólo actos inconexos son los perciben desde afuera, movimientos entrecortados, trazos confusos sólo se leen. Desde adentro es una disputa feroz, una explosión zanjada por surcos de un ruedo, razón del delirio en cuentas de un collar: son millones de esferas formando racimos, precipicios burbujeantes, nieblas amarillentas, túneles y pasajes hacia cualquier lugar.

El camino cambia de color mientras lo vemos, el camino da vueltas mientras sus rayas de agua son entrecortadas por el viento. Toda batalla es una última batalla sobre la tierra, una última y desgarradora lucha por deshacernos de las fauces de un predador que cambia realidades por espejismos, que transforma sueños por miedos, que oculta la verdadera identidad de un mundo plagado de sombras en una falsa imagen del edén. Su mayor estratagema es hacernos creer que no existen, pero esta noche están de frente y sin disfraz, esta noche no escapan. Aunque mañana querrán hacernos olvidar, algo imborrable ha dejado la batalla, una verdad se ha situado como mensajera del alba.


Friday, June 15, 2007

Ruta Hacia Ninguna Parte


Esa tarde el auto nos conducía hacia el este, y en cada giro de sus ruedas, sus ojos nos compelían a mirar la cordillera nevada hace pocos días. Una imagen profunda y evocadora, hipnótica de ida y vuelta, que en respuesta al eco resonante de su espejo blanco, nos regresaba inmisericorde al camino sin retorno, nos enfrentaba devastadoramente a cada imagen de una antigua historia sobre fantasmas arrastrados por la incertidumbre, una historia que exhalaba planetas dormidos e inventarios dinamitados hasta la médula por arranques emocionales, por deseos personales incumplidos y sus consecuentes frustraciones, por la rabia de considerar injusto el supuesto destino que se nos había asignado, por la confusión y tristeza de sentir el helado filo del puñal en la espalda, por los interminables apegos de sentirnos importantes y merecedores de reconocimiento por nuestro supuesto altruismo hacia el mundo. Y también por el miedo, por el infaltable temor a renunciar a todo lo conocido en pos de la nada, ese tenebroso miedo de ver la verdad en el gran vacío que nos acecha. Aún permanece mucho de eso, pero la soledad ha logrado dominarlo todo, ha envuelto todo en su mistérico velo, en su voraz propósito, que como el blanco del eco que regresa, nos trae otra vez a este presente, al inevitable enfrentamiento con lo desconocido.

Algo se sentía en el aire, el estómago era quien lo descubría a cada instante, algo empujaba hacia adentro y después de una breve espera, lo expulsaba. Era un infinito golpeando cada una de las puertas, un cuerpo estirando su fibra aletargada por años, era sentido que se estira, masa que desdobla preparando un caminar, un tejido de cruces sobre el mar, un escenario azul oscuro, dispuesto por eternas habitaciones separadas por incontables líneas paralelas; un principio y fin hablando sobre ruedas, transformando las palabras en un mapa, un comando de volar. A esas alturas el tiempo había dejado de existir, y la nieve, las ventanas empañadas y un lejano sonido eran lo único que quedaba.

Los tres guardábamos silencio mientras el andar del auto seguía siendo excusa para la experiencia, era un silencio de esos sagrados que comunican sin parar: necesitaba solamente de que calláramos para decir lo que tenía que decir. Y lo dijo, habló con autoridad de lo que se puede y no se puede hablar, habló de nuestras tareas, de construir; hablo de portales por cruzar, otros por llegar. Entonces el sonido acabó, se borró la nieve y la ventana se derritió. Después de una pausa inentendible, todo regresó junto al tiempo y los sentidos, que volvieron a ser comprensibles y constantes.

Volvió el habla cotidiana y el mundo de los fantasmas que la protagonizan, volvimos en la risa, acodándonos cuando ojos amarillos hizo el gran papel de su vida al comentarnos que éramos lo más bello que le había pasado en su vida.

-Tan bello que se cagó en los pantalones antes de elegir, dijo Jeremías con su siempre punzante ironía.

-Bien cagado el mamón, agregó el Pana.

Entonces reímos, reímos con tristeza y soledad, reímos por todos los ojos amarillos que pasaron y quedaron atrás, reímos porque no nos quedaba nada más. Hacía frío, como hace frío aquí en los días despejados de invierno, pero esta es sólo una excusa, una excusa tan igual como andar sobre una ruta hacia ninguna parte.


Wednesday, May 30, 2007


Recapitulación en cinco actos

Ahora todo está negro y veo claramente al cuerpo entenderse con el aquí. Algo se activa prontamente, la imaginación enciende sus calderas y comienza a hilar libremente en la oscuridad. Hila con libertad porque conoce el propósito, ovilla la emanación, construye puentes sobre la nada, agrega tenazmente ladrillo por ladrillo hasta llegar a la médula de la experiencia, pone en pie un edificio de inmensos vitrales sólo para encuadrar una ventana que represente con transparencia el presente vivido; construye una casa con ventanas en dirección sudeste para apuntar al infinito.

El trabajo se hace latido junto con sucesos del día, que desordenadamente hacen acto presencial. En un principio, pareciese que las emociones se estuvieran apoderando de cada centímetro de esta dimensión: hablan y hablan incansablemente, asemejándose a millones de luciérnagas yendo de ida y regreso en acto desbocado, chocando locamente con las paredes, y dejando grandes madejas de sentimientos que se caen y se vuelven a levantar. Mientras río bajo el ensordecedor cuchicheo, acecho sigilosamente hasta encontrar una grieta de silencio, para entonces, en medio del bullicio, dejar que mi pequeño y sereno planetario conocedor del andar fugaz de la emoción, me lleve a respirar.

Luego de toda la algarabía y frenesí, cada inspiración y expiración dentro de esta nave, hace que las emociones se transformen en nítidas fotografías, que luego de un intertanto comienzan a desfilar ceremonialmente una por una frente a mi vista. Hago una pausa y tomo consciencia del poder de la negrura, que con alta naturalidad, me conduce a entender cada detalle de las imágenes. Son fotografías que chisporrotean burbujas multicolores. Son volcanes vivos del presente evocando palabras que ayer buscaban consuelo, pero que hoy, al descubrir su envoltura bajo la implacable lava del ahora, dejan su existencia en pos de la inexpugnable nada que yace en el interior de este racimo de percepción. Hago la prueba, e inocentemente grito preguntando si están allí adentro, pero no se escucho respuesta alguna.

Una voz llama estruendosamente, asustándome y acelerando mis latidos hasta hacerlos una línea. Miles de rayos cruzan atacando directamente mi ombligo. Inspiro y expiro con toda mi fuerza para aplacar la devastadora energía de la explosión, que por lo demás, tarda bastante en cesar. Un susurro me absorbe completamente, lanza mi cuerpo por un tubo y lo deja a la deriva. Una voz se despide sagradamente. Quisiera hacerle algunas preguntas, quisiera preguntar por ella, pero se ha ido otra vez, dejando una larga estela de tareas por cumplir. Así es siempre la voz, una botella sin abrir, una piedra amarilla de la montaña, una vasija de agua…así es siempre que la encuentro, indescifrable e incompasiva.

No estoy más aquí de lo que quería estar ayer. Pensar esto me detiene por un momento, me entristece. Sin embargo, la solitaria ola que desnuda mi vida frente a la madera cómplice borra esa sensación, y al leer estas palabras, me doy cuenta de quien estaba escondido, lo reconozco y camino tranquilamente hacia él. Lo saludo con la mano izquierda y le doy un fuerte abrazo de reconciliación. Pienso sin pensar, esta experiencia ha dejado una gran enseñanza, mucho más de lo que alcance hoy mi aún pequeña comprensión. Quito las cadenas y acepto una noche más la invitación a renovar el vínculo con el misterio, acepto porque es más fuerte esta otredad, más fuerte aún que la inmensa soledad que hoy siente mi alma. Por eso salgo al encuentro de ustedes, por eso emerjo desde este frío, para llegar a cada sentido, a cada latido de ustedes, a cada percepción de esta querida tierra que acepte el éxodo como pasaje a lo desconocido.

Saludos fraternos.


Sunday, May 20, 2007

Incurable otredad


Nuevamente aquí, sumergido en este túnel de planetas, afectado de muerte por un universo vibrante y giratorio, escribo esta lejana bitácora, esta historia sobre quimeras por realizar, sobre viajes sin retornos, sin principio ni fines. Escribo por lo inevitable, lo incurable de esta otredad tumbadora, lo insaciable de esta fuerza de vida propia, que una noche llegó inesperadamente y se llevó todo sin dejar rastro alguno. Muero día a día por lo otro, muero en el giro implacable del ser que llegó para quedarse eternamente, para exigir, a través de una contorsión mágica, su verdadera morada, su cuerpo de senda infinita, que en el aquí y el aquí, le da la totalidad de sus movimientos a estas huellas en el cosmos.

Ya no soy en mí, algo lo ha desalojado, lo ha desterrado a buscar un nuevo lugar donde vivir, y es aquí donde ahora estoy, en estas letras, en esta pequeñez aún temerosa que lucha por entregarse por completo en la batalla. Sin hogar, sin nombre, sin historia ni memoria y sin lugar alguno en donde esconderme, intento hablarte y despegarme por completo del antiguo deseo de exigir mérito alguno por la acción de este cuerpo, porque ya no soy dueño de él, aunque sin embargo, soy más él de lo que nunca he sido; es el otro el que soy ahora, por ende, lo que lees ahora es tuyo.


Libre padecer, garganta ajena,
Respiración de locura,
Insaciable otredad, incurable cura fraterna,
De sentirnos otros, enfermos de otros,
Sueños, viajes amores otros,
Pasajes a otro lugar,
Pasos nuevos, Lazos otros,
Tejidos en otra edad.

Brotes de mi tierra, ofrenda y espesura;
Montes en último día,
Cielos mismos, vidas indistintas,
Cauces mares, céfiros sin cabida,
Despierten ya!,
Aviven ya!,
La sed de mismidad,
Levanten sus carruajes incurables también:
Eleven ya!,
La indomable plegaria de ser rito y ritual,
Ser quimeras,
Conciencia y destello final.


Es verdad, somos segmentos de luz en el cosmos y no necesitamos de un gran telescopio para saberlo; no necesitamos de tecnología ni de ideologías para comprenderlo; no necesitamos de formulas mágicas ni de abracadabras. En verdad, no hay truco ni secreto: La verdad esta aquí mismo, en ti, en quien está leyendo ahora, en quien vive en esta tierra y en todo quien quiera saberlo, en todo y en todos quienes elijan vivir la experiencia de libertad. El secreto del universo, las llaves de la eternidad se hacen visibles día a día en los pasos que intentan caminar, en los ojos que intentan abrirse y los sentidos que intentan despertarse y vivir la realidad, vivir todas las realidades posibles en una sola letra, en una mirada, en un crepúsculo, en un cántico, en una gota de agua, en un grano de arena, en todo y también en la nada, en el silencio…en el vacío.

Tan llena de lo incierto, y a la vez, tan colmada de caminos que aún no se recorren, la otredad nos tiene hasta el borde del abismo: esta quimera que es el ser, el otro, la tierra y la gran vastedad que nos llama, te invita y te sumerge también en este instante. El pulso transparente del latido del universo, la emanación cegadora inexplicable que te hace ver, te muestra eternidad en un segundo, dejando en tus manos la posibilidad de ser parte del mito, la ensoñación de ser un propósito y un fin, el intento y el ahora


Thursday, May 10, 2007

Vaporosa nostalgia del futuro


El agua hierve lentamente en su nuevo recipiente. Borbotea sin más que su intento inflexible de hacerlo. Es sencillo su andar, no obstante, es enérgico y decidido al momento de verse y saberse semilla tras una ruta, que en este aquí que deja de ser allá, llega y se conecta con tus sentidos viajeros, haciéndolos girar en su primer mordisco a la obra onírica. Son voces frutales las que en su sabor ancestral intentan recordarte que ahora estas ahí, que frente a tus ojos hay paisajes incomprensibles para tu razón, y que pese a esto, siguen ahí, inmutablemente reales. Como lo ves, tus sentidos están más delirantes y despiertos que nunca, y mientras vemos desde dos partes la misma agua, dibujamos también otra historia sobre el vapor, vasto y extraño como se debe a su ser.

El adjetivo que más se parece a las burbujas en ebullición, es la ingenuidad, ya que el tiempo que recorre sus ires y venires, parece ser para ellas sólo un soplido de la aguja de un antiguo reloj. Es una corta y tenaz su vida les digo, y estoy a punto de llamarlas ingenuas por ello; pero cuando mi boca está a punto de hacerlo, algo me compele a mirarlas desde otro prisma. Entonces el silencio se levanta y parpadea con inmenso poder: Ingenuidad es ahora la plena certeza. El receptáculo aún está demasiado vacío. Es presunción comprenderlas en su primer hervor. Ahora, mi boca me llama ingenuo, le respondo y ríe. Luego, te llamo burbuja, respondes y ríes.

Después de la segunda mordida de tu ensueño, un espacio de negrura entre el borde de la vasija y el reflejo del agua, sugiere una contorsión de mi estómago. Sucede. Salto nuevamente. Agrego más de este líquido de locura que me convierte en aprendiz, y el universo entero que reside en un frágil recipiente, metamorfosea. Las estrellas se multiplican por doquier, giran y se expanden junto con mi percepción. No sólo hay agua en este universo, no es ella misma quien la hace moverse y cambiar, no es sólo ella. El agua sube su temperatura y lo sabe, casi está llegando a su nuevo límite y aún no quiere revelarse. Fijo mi vista en el recipiente, su movimiento hace diminutas explosiones, algo se conforma. Es el reloj, el mismo reloj. Si, el incurable, el que hasta hoy permanecía guardado en un polvoriento baúl, el que se parece tanto al sueño en sepia brillante, donde mirábamos desde atrás nuestra casa, señalando una dirección certera, vaporosa aún, pero certera.

Esa nostalgia entrañable
Se cuela por nuestras venas,
Insolente manifestación amable,
Que sin pedir permiso alguno
Nos transporta
A tiempos y lugares que nos hacen uno.
A la casa de las hojas,
A portal de las aves.

Los signos están en movimiento y el agua no detiene su cauce. Todos los días se hace el pan, y el agua hervida es parte del camino de todos, el más simple. Las cuncunas metálicas se encogen y estiran para transportar los más silenciosos sueños. Algunos de ellos, los aparentemente más lejanos y perdidos, extrañamente se cruzan y se conectan en este dulce abismo.


Tuesday, April 24, 2007



Silencio póstumo

Mis ojos se vuelven a abrir. Lentamente se levantan, cogiendo del barro sus alforjas y sus estandartes, sus carruajes incurables de otredad. Hoy, más serenos que ayer, se aprestan a seguir tu rastro, buscándote donde quiera te encuentres. Desde el jardín más florido, hasta la sombra más lejana, espacio que ha conocido el fragor de este delirio, mis pasos perciben los tuyos. A veces los siento tan cerca que tus hebras hacen cosquillas a mis espaldas, pero justo cuando volteo, desapareces. Hoy, disfruto de este juego de los sentidos, y mientras me levanto, sonrío en medio de este silencio. Se que hallándote también los estoy encontrando. Si, a ellos también. Ellos y ellas que también son parte de este andar profundo, de este corazón latente que apunta hacia el rincón más insondable del horizonte, el mismo que puedes ver en este preciso instante.

Mis párpados se levantan después de haber caído duramente, y este cuerpo, aun resentido del dolor inevitable de una gran caída, reordena sus pasos; susurra y envía mensajes codificados de esperanza a cada célula que lo compone. Llamándolas una por una, él indica su presencia y las escucha con atención sagrada. Revelaciones multicolor son parte del rito, visiones significantes y evocadoras, imágenes que transportan y conducen de adelante hacia atrás, desde afuera hacia adentro. Y viceversa. Ya no hay direcciones, todo es lo mismo, una célula es el cuerpo y el cuerpo una célula. De pronto el cuerpo hace mitosis y luego son dos; y esas dos también hacen mitosis, y las otras, y las demás, las subsiguientes también. Bailan y se juntan, desafían insolentemente al azar, temen y después se lanzan al vacío. Reaparecen en distinta tonalidad girando en todas direcciones. Y el giro se hace más y más lento, hasta detenerse por completo. Y así, grano por grano, partícula por partícula, él logra poco a poco comprender y dimensionar la sanadora enseñanza que deja el aire circundante, que en ese instante es hermano y cómplice de la innegable irrealidad.

Heladas redes impalpables acompañan al vaho póstumo. Es ardua tarea reconocer lo que ha dejado en descubierto el remezón. Sin embargo, el cuerpo continúa en su larga tarea sin detenerse. Está presente, un extraño tubo lo trajo de vuelta; lo trajo al mundo donde los objetos conviven con lo abstracto, al epicentro de la vida y la muerte, al carrusel y a las luces que van y vienen. Lo trajo al mundo caprichoso, al juego de las cuerdas colgantes, al circo, al escenario espiral. Lo condujo al mundo querido de la locura.

Hay silencio nuevamente, y junto con él, llegan los primeros signos de una nueva transformación. Es interminable este camino, y ahora, siento la gracia que esta misteriosa eternidad me ofrece en la más simple copa. La acepto con humildad y respeto, con atención. Se que volveré a caer muchas veces más, pero también se que volveré a levantar. También esto es parte de lo inevitable.

Si vas a caer,
Primero la espera ciega y eterna,
De no saber,
El espacio entre las dos formas,
Tan errante
Tan delirante.
Si vas a caer,
Primero la espera sorda imperecedera,
Aceptar la nada
Flotar en materia oscura,
Donde nada es cierto,
El cielo está cubierto.

Si vas a creer
En tus alas inevitables,
Renuncia también a ellas
Y cae.


Wednesday, March 21, 2007

Los primeros movimientos


Todos los caminos no llevan a ninguna parte. Pienso. Siento. Intento dar libertad a mis letras, intento dejarlas nadar en el éter, donde el todo puede ser el genio mágico de la realidad, y la nada cómplice y juez, justo en el mismo instante donde el cuarzo implota, y da nueva vida a quien es acompañado por la muerte. Intento caer nuevamente en el embrujo que el conocimiento y la noche ofrecen a quien quiera desafiarlos en una batalla de poder. El desafío es aceptado con miedo y respeto, y así, las alas del tiempo se abren serenamente. Estas letras ya no sin mías, son de los Otros.

El Otro despierta y se viste sobre cuatro intentos, cuatro direcciones sobre las cuales fija su voluntad y su sueño. Mira y luego ve: un tablero con cada una de sus piezas dispuestas a enfrentar inflexiblemente el lado más oscuro, dispuestas una y otra vez a efectuar un salto de fe con dirección a lo desconocido. Cada una de ellas es un maga que dispone de sus fibras para hacer comunión en un cuerpo, cada uno de ellos es un mago que dispone de sus fibras para hacer comunión en un cuerpo. El juego es un cuerpo en acción, una gran formación de vuelo abstracto. La ruta comienza a trazarse.

La siguiente pieza toma posición, mientras el resto fija con profunda atención cada detalle de sus movimientos. Es una maga, que con mucha elegancia y una segura timidez, es impulsada por un soplo que parte lentamente. Es una danza del ensueño, una sutil ofrenda al infinito; es pétalolimpo que poco a poco se transforma viento luminoso.
Poderosas y sanadoras, las ondulaciones de esta danza, se hacen tan vivas y cautivadoras, que son capaces de generar una cristalina claridad. Y así vemos el intento, vemos en conjunto la esencia última de la ofrenda danzante: un camino iluminado, contemplado por cada ser gracias a la armonía de los movimientos de la maga. Se vive un éxtasis compartido, una común unidad en la consciencia, donde cada elemento del tejido se siente vivo y encuentra su corazón, su sentido. Concluye el movimiento de la Otra. Ella es pura acción, pero a la vez, es arrullo tenue y paciente, es un delicado faro, bañado un profundo perfume de serenidad.

Primeros movimientos.
Paso del primer y último fuego.
Luz del faro guiando camino.
Presente ágape eterno.

Amigas y amigos de lo eterno:
El campo de lucha no tiene límites, no los tiene. La regla esencial del enfrentamiento es el juego limpio, que tiene por significado el ofrecimiento humilde y generoso del don de volar que cada Otra y Otro lleva consigo, este don que es atesorado custodiado por nuestro silencio interior. Es posible encontrarlo, si es que intentamos hacerlo carne, hacerlo una viva realidad. El don vivirá justo en el momento en que decidamos ponerlo sobre acto puro, libre de apego e importancia personal. La gracia de volar se encuentra en la gran sabiduría del ciclo vital: tan impersonal, tan contagioso, un momento sagrado para compartir en otredad.
Como la libertad también es regla, la invitación es a sentir, a sentir poco a poco nuestras alas desplegarse, a aventurarnos al misterio de Ser con sentidos nuevos, caminar con pies nuevos y también a Amar con un espíritu nuevo.




Wednesday, March 14, 2007

Una grieta de luz


Existe un espacio mágico y sagrado, que nos aguarda en la invisible y delgada brecha existente entre una bienvenida y una partida. Existe un segundo de eternidad, presente en el vacío que genera el encuentro entre estas dos realidades; una grieta de luz que inevitablemente se presenta en nuestro camino, justo en el momento en que terminamos de cerrar un círculo y comenzamos a trazar otro. Antes de dar un nuevo paso en nuestro cuerpo viajero, esta fisura espacial, se presenta en nuestras vidas como oportunidad de recapitular en un no-tiempo, un obsequio reflejado armoniosamente por sabiduría de la naturaleza en la figura de los dos crepúsculos.

Esta grieta me invita sugerentemente al juego de la percepción. A veces, se muestra flotando en el sigilo, silenciosamente entre dos imponentes pilares, dos estandartes hijos del ámbar, situados intencionalmente uno frente al otro; un par implacable, indiferente y sabio, inamovible, tanto en su forma de representar las dos realidades con las que convive, como en su comunicación con el Ser esencial. En otras ocasiones, esta brecha es fluida y alegre, danzante y ondulante, circular; tan contagiosa que transforma y transmuta los rígidos pilares en dos bolas de energía líquida, que se buscan, se encuentran y se funden en un acto de complicidad; una aleación cósmica espiral, abrazada de tal forma, que su fuerza vital le brinda una nueva estructura: la figura de un ocho infinito que se siente tan hermano como el ciclo vital en nuestra vida.

Es un portal, lo se. Aquí, está presente el conocimiento de los siglos. En su borde, hay un código que logro notar, pero que mi pobre entendimiento es incapaz de sostener y descifrar en una estructura de sentido. Siento impaciencia, quisiera poder llevar algo de esta puerta a ustedes. Entonces, un suave toque en mi frente me tranquiliza, me habla de que todo tiene su tiempo, que esta puerta vive dentro de todos: es ella, es un faro, es la Otra. Busco una llave que abra este mandala, quiero cruzar ese umbral. Busco una llave que abra este mandala, y de pronto se que son necesarias más de una. Al saber esto, algo se libera en mi, y me siento el más pequeño de los granos de arena. Logro entender que mi nueva armadura necesita de humildad, que sólo soy una pieza de esta historia de libertad. De pronto, se manifiesta el recuerdo de los Otros y me susurra en voz impersonal; me habla de una entrada, de serenidad y desapego. Entonces, maravillosamente sucede lo imposible: Me siento dentro de este portal y puedo ver. Noto que es aquí, en nosotros, donde está la respuesta. Cada vez que llegan los otros a mi recuerdo, cada vez que se hacen presentes, esta grieta se abre y se expande, y así puedo mostrarles que a través de ella, hay un cuerpo aguardando por su destino irrefrenable

Tomo una palabra en mis manos,
Tan líquida cristalina para beber.
Se que está fuera de mi,
Porque cuando intento hacerla mía, se escabulle.
Entonces la dejo correr,
En él, intento sumergido en una plegaria
Asomada en la revelación.


Otros, Otras, Otra realidad. Compañeros de viaje y amigos de lo eterno:
Es tiempo de reconocer nuestro nuevo cuerpo, Miria Suebo, un tiempo para Ser.

Wednesday, March 07, 2007

Regreso


He vuelto al lugar donde comencé. He vuelto, pero nunca he regresado. El camino de retorno apagó todas sus luces, cerró lentamente sus puertas por dentro y selló sus ventanas para siempre. Esperó este camino todo un giro de la rueda, clamó hasta el último momento, lo hizo hasta en su último espacio de agonía, mirando cómo se extinguía su voz entrecortada en el limbo; pero nadie llegó a su última llamada, nadie fue el último, no hay ya retorno.
He quedado atrapado en lo tremendo por haber seguido inocentemente una trampa que infinito me tenía preparada. Fue una estrategia impecable y llena de sigilo la que me hizo entrar en el juego. No quería, nadie quiere, pero de igual forma entré. Comencé tranquilamente, seguro y desconfiado, expectante; nada podría hacerme caer. Lancé con la confianza que mi supuesta experiencia me otorgaba, pero esta resultó tan quebradiza, que en la primera jugada, ya me encontraba en el suelo dándome explicaciones, extraviado y sin sentidos que me orientaran. Sentí la cobardía en mis actos, miedo, sentí lástima por mi mismo. Pero me levanté, siempre lo hice, y sabía que contaba con más donde recurrir en caso de necesitar apoyo. Olvidé, seguí haciendo lo que creía correcto, y, naturalmente volví a caer. Y caer se llamó el verbo de mis actos y levantarme el retorno, y caer se transformó en algo rutinario, y levantarme se vistió de contrarespuesta, cumplió el papel de esperanza, pero era solo un rol, un disfraz. Y así cabalgó el jinete del tiempo, acabando con todo lo que se le ponía por delante, y no quedaron más apoyos sobre que sostenerme. Hasta que llegó lo inevitable. El tiempo se detuvo por un breve momento; tuve la oportunidad de elegir. Decidí apostar todo, todo cuanto creía por realidad: todas mis convicciones, triunfos y fracasos, espacios, guaridas y refugios, artilugios, pasados y futuros, todo lo seguro, mis sustentaciones. Llegó el ansiado momento y caí por última vez. Supe que nunca había caído, que era un impostor el que jugaba. Fue entonces que giré la rueda e hice mi primera jugada. Algo ocurrió. El infinito rió, y sin compasión alguna, devoró cada parte de mi ser, cada recuerdo aciago, cada rastro y cada huella, dejando sólo la nada que inunda estas letras. Nada, y estoy de regreso sin estarlo. He sido enviado por los Otros, por una quimera que se gestó en el más secreto silencio de la noche, donde el conocimiento tuvo la oportunidad de tomar sus remotas riendas y dirigir con sus carros y fulgores una luz que nacía desde lo más profundo; así supe que en la nada vive el todo, que el silencio y la soledad son amigos de lo eterno, que la incertidumbre está en nuestros bolsillos, y también, que somos parte de un universo misterioso que nos ofrece la posibilidad de concebir un sueño que se cree imposible: Volar y Ser libre en la vastedad.

Día nuevo hacia atrás ,
Vuelta de vista que vio sobre sus hombros un par estelar.
Que de céfiros estaban bordadas,
Sus vestiduras,
Sus armaduras,
Entretejidas,
De nada.

Día nuevo hacia atrás,
Vuelta del encuentro que de sueño viaje final.

Estoy en la tierra nuevamente. Estoy de nuevo en este laberinto, en la realidad doliente y acuosa, en la incurable metamorfosis que se ve a si misma con dos miradas: Una primera acercándose a lo desconocido, y otra que hace presión por dentro y puja por salir al mundo. Estoy presente. Es tiempo de hacer realidad esta quimera.


Tuesday, February 27, 2007

El color de lo Inevitable


Despierto desconcertado. Estoy recostado sobre una, sobre una... no lo sé. No puedo ver nada. Pese a que tengo mis ojos abiertos, estos no encuentran nada que enfocar. Lo que hay aquí es más negro que el más profundo de los negros, pero a su vez, es más resplandeciente que la más radiante luz ambarina. Intento utilizar mis otros sentidos, pero la respuesta es siempre la misma; es más, creo sentir que mi cuerpo se encuentra nuevamente sometido a los designios del poder que me trajo, a esta fuerza extraña que me reduce, que me aplasta, me estira y me baña de lo incomprensible. En verdad amigos de lo eterno, no estoy recostado ni parado, tampoco estoy flotando. Soy líquido, me escurro y me vuelvo a juntar; soy un impulso eléctrico que choca con cada célula del ser; un racimo etéreo realizando minuciosas labores de reconocimiento en organismos vivos, comunicándose con cada sistema del universo en las más detalladas pruebas de conciencia. Al pasar por cada célula, descubro cúmulos de galaxias, planetas y cometas errantes; ellos también evocan, ellos también son emanaciones; ellas también invocan, ellas también son matrices y contemplaciones. Y así, en este acto de comunicación entre el espacio y el movimiento, donde mi cuerpo se hace presente, emisor y protagonista, utilizando sus fibras serpenteantes como señales de nuevas respuestas, se genera un nuevo giro de esta rueda, dejando en su pasos mensajes ondulantes, tareas circulares y encargos para un siguiente ciclo, una siguiente conexión. Sigo sondeando los vaivenes de este periplo compañeros de viaje, continuo internándome a propósito en este tubo, tan vasto y solitario, tan espiral como telúrico es un réquiem para el infinito.

Silencio. ¿A quién le hablan estas fibras? ¿Acaso no soy la misma célula nerviosa, el mismo organismo que se deshace en cada intento de avanzar? ¿A quién le hablan? ¿De quién es esta voz?

-Los Otros, estabas aquí con los Otros.
-¿Quién eres?, es la pregunta que hacen las fibras, tomando las riendas en este instante.
-Soy la voz de lo inevitable, lo que te trajo hasta aquí. Soy lo que hace girar la rueda, el no-tiempo.
-¿Donde estoy?, pregunta otra fibra en tono cortante.
-Saltando de surco en surco, aunque no entiendas ni sepas lo que es un surco.
Tu inventario no comprende lo incomprensible, tu inventario no sirve aquí. Nada aquí tiene explicación, todo es. Lo que estás viviendo, es tu única explicación. En este preciso momento, supe que mi inventario sólo me serviría a futuro para poder intentar explicarles mi experiencia, explicarles esta nada, la tónica de viaje. En un humilde intento, logré tomar conciencia de mi situación, y guardé la mayor cantidad de energía que pude para cumplir dicha tarea, labor que en ese momento me pareció imposible.
-¿Dónde están los Otros?
-También están buscándote en estos surcos. Sus sueños les hablan de tu viaje, de los otros viajes, les hablan de esta rueda, al mismo que giran con ella; los Otros yacen cerca de tus pasos, de tus huellas y tus quimeras. Otra también es la que te busca.
-¿Qué hacíamos en este lugar?
Este es en lugar de encuentro, una cúpula del Intento. Alguna vez estuvieron aquí reunidos, esperando el tiempo del no-tiempo; Ahora, es tiempo de reunirse, es tiempo de la partida, para eso deben todos encontrarse, descubrir en el cuerpo la salida.
-Ahora debes partir. Es tiempo de lo inevitable. Busca a los Otros en la tierra, búscalos en el laberinto, en el eco arcano y en la sombra que te cobija. Un levantón será la señal que indique el nuevo comienzo, su nueva era.

Epílogo
Quise hacer más preguntas, pero mi energía nuevamente se agotaba. Esta vez decidí soltarme sereno, sabiendo que ya me di al poder que rige mis pasos, que acoge en su vasto cielo este anhelo de libertad.

Tuesday, February 20, 2007

Puentes en el cielo


El tiempo ha dejado de existir, se ha detenido completamente en el fulgor estelar del ámbar que circunda esta fibra. Sin embargo, sigo aquí y aquí, haciendo frente a este viaje a lo desconocido, a esta lucha que a ratos se torna ciega de soledad, muda y silente en momentos de clamor; sorda también pareciese estar: ¿Dónde están los otros?.

Busco a los otros, los busco incansablemente porque sé que en ellos se encuentra la respuesta a este viaje, sé que en ellos está la llave que abre todas las puertas. Desde mi llegada a este lugar, he seguido sus rastros, acechado sus pasos, hasta he podido escuchar sus voces murmurar, pero aún no los he podido ver. Hay momentos en que el cansancio hace sentirme derrotado, sin embargo, siempre en el momento preciso, antes de caer, aparece una nueva pista que me alienta seguir adelante. En estos momentos me siento cansado, dolorido y vacío, tengo miedo de que alguna vez la señal no aparezca. Tengo miedo pero no puedo detenerme. No puedo apegarme a la idea de que siempre una señal va a transformarse en mi salvación, en lo que permita continuar mi caminar, porque cada vez que lo he hecho, cada vez que el apego ha tomado protagonismo en mi vida, me he perdido.

Hoy no quiero señales, dejo que mis únicos guías sean mi intento inflexible y el gran anhelo de complicidad que me atrae y me lleva a los otros. Sigo caminando, la serenidad y el desapego que alcanzo a obtener, permiten que mi andar se haga más liviano. Río junto a mi sombra y levanto mi cabeza como gesto de aprobación. Puedo descansar. Antes que termine de pensar en la palabra descanso, mi estómago se contrae en el mayor de los espasmos que he sufrido : en el cielo, un puente de infinitas fibras entrelazadas de la forma mas inusual que pudiera imaginarme. Si es que pudiera comparar esta imagen con las otras que he contemplado, diría que esta es la más cómplice, la más cercana, la menos solitaria de todas. Busco palabras para describir lo que está frente a mi vista, pero la sensación de estar contemplándola, debora toda mi capacidad de abstracción. Estoy perplejo, es primera vez en este viaje que me siento tan acompañado por la nada, hay algo en ese puente que me sacude y me fuerza a recordar algo, algo que me invita a saber lo que ya sé.


Unión de los siglos,
Comandos celestiales se alojan en tus cuerdas indomables.
Se ciernen como antorchas en tu ruta,
Se abalanzan sobre nuestras manos, incurables de esta locura.
Y recitan,
Cánticos emanan desde espacio hasta la bruma.

Resuellan los albores,
Brotan y florecen como el arrebol hacia la espesura.


Epílogo.
Este espasmo parece ser eterno, y tiene un extraño poder somnífero. Mis ojos poco a poco comienzan a cerrarse involuntariamente y mis ideas se desvanecen en los más mínimos detalles de esta onírica construcción: el acabado sus pilares, su forma, su tamaño. Más aún, su movimiento, que evoca una remota familiaridad, hace que reviva lo más lejano de mi ser, un conocimiento sin precedentes temporales, un recuerdo de otra edad.
-Este lugar ya lo conozco, no puedo recordar en qué momento, pero sé que he estado aquí. He estado aquí y no estaba solo, habían otras personas. ¿Quiénes eran?. No lo puedo recordar. Cada vez que hago el intento de hacerlo, hay algo que se torna borroso. El sueño está a punto de cumplir su cometido y el último sonido que percibo no proviene de mi ser:

-Los Otros, estabas aquí con los otros
-Es lo inevitable, eso es lo que te trajo hasta aquí.



Tuesday, February 13, 2007

La matriz del infinito


No puedo volver atrás, mi rastro ha sido borrado. Sola y fantasmagórica, una imagen de mi antigua historia se pasea confusa por los corredores de este laberinto, errante como el sabor de la nada, que sin excepción, se hace presente en cada rostro, en cada mirada, en cada sentir de esta bitácora, compañera y hermana. Intento. Intento. Intento hacer frente a esta incansable locura y seguir desafiando a la soledad, a la incertidumbre y al anhelo; sigo presente. A ratos, mis pasos se hacen tan pesados como profundo es este túnel, tan eternos que alcanzo a desintegrarme una y mil veces antes de dar el próximo; y así, muero y renazco a cada instante con una doble fuerza: circular y serpenteante, ambas guías de mis latidos, ambas y ambarinas, tan danzantes como el recuerdo de la Otra, tan amada, tan alada.
Junto a la misma fibra abismal que teje este cuerpo y se funde en cuatro elementos del cosmos, el vértigo que nace desde el interior de mi ombligo, convertido a estas alturas, en respiración, motor e instinto de este andar, me mantiene congelado e inamovible. Me siento incómodo y trato de romper esta inercia, pero lo único que logro conseguir, es una serie de fuertes espasmos en la zona estomacal, que me obligan a aceptar este particular estado, que en algunos momentos parece ser una pausa en el tiempo , en otros, un caprichoso paréntesis en el espacio, y también, en una volátil sensación de hibernación. Estoy absolutamente petrificado. Soy parte de un cuadro abstracto, un plano en 360 grados donde soy espectador y protagonista, centro y arista; en cualquier dirección que gire para cambiar de perspectiva ,el plano se mueve conmigo y vuelvo donde estaba. Busco alguna referencia, algo donde orientarme, pero es imposible. Pruebo mirar desde atrás, asirme de alguna imagen de este cuadro que me atraiga y me lleve con ella, pero todo es lo mismo, todo es remolino, no hay forma de salir. Toda esta experiencia es tan imposible de concebir, que resigno de todo, entonces decido entregarme por completo a esta gran nada. Sólo necesitaba de eso, sólo necesitaba de ofrecerme para comprender. Una gran poder me succiona y se acaba la inercia. Ahora se que es "Ella", la primera, la más vieja de todas las nadas, la naturaleza femenina del universo, la matriz del infinito.

Astaryen, canto y metamorfosis,
Estruendo, temor y temblor,
Alma del espiral,
Madreterna sagrada caleidoscópica mirada.

Vientre
de la altura que se inunda,
Y se sumerge y me baña,
Me cobija
en su respiro,
En su sabiduría.

Temor y temblor,
Precursora de la lluvia,
Pétaloscuro cobijo giro y retornas,
Y te regresas,
Me silencias,
Me doblegas,
Me silencias.

Hermanas y hermanos del ensueño: La entrega es el gran regalo que nos ofrece la naturaleza femenina del universo; es esencia de sabiduría y libertad, evolución y vida; humildad, rito de amor y fraternidad.
Muchas bendiciones para todos, y en especial a las mujeres, a todas las "Otras" que acompañan nuestro andar, tanto en esta, como en la otra realidad.

Tuesday, February 06, 2007

Mirando de frente lo desconocido


He caído eternamente en esta rueda. Desde ese día he caído y el vértigo no ha cesado de hurgar en mi estómago. Bajo mi ombligo, sobre mis anhelos y también en el constante recuerdo de los otros, el ingenuo vértigo continúa buscando infructuosamente una justificación al aquí y aquí, una explicación a la incontrolable y dura dualidad a la que he estado sometido, al saber sin saber, al mirar desde atrás el destello de una esencia propia pero impersonal; tan impersonal como el reconocernos sólo granos de arena, gotas de océano, segundos de la eternidad. Es por eso que no hay respuestas, no está en el vértigo saber y comprender los vaivenes de la locura y fecundidad de la otra realidad, sólo vértigo, sólo ser.

Nuevamente presente y conciente en esta ya querida morada de lo sagrado, presiento una nueva partida, la llevo tan fuertemente conmigo que es imposible evitarla, quitarla de estas letras y esta crónica. Es este mismo sentir y no sentir, la misma fuerza abstracta, la que hace levantar mi cabeza y fijar mi atención en el altar de este templo. Cuento dieciséis grandes cirios encendidos, dieciséis flamas sacudidas por una extraña pero tranquilizadora brisa. Dieciséis luces alrededor de un mistérico velo semitransparente. La danzante emanación de estos cirios, desenmascara lentamente el verdadero significado de esta velada imagen: Tras el velo, un inmenso, un antiguo libro protegido y acompañado celosamente por el inpalpable fulgor de lo desconocido, lo innombrable, canto de un sortilegio universal. La posibilidad de tomar en mis manos, de contemplar este libro y percibir en él todos los sentidos, hace que la fragante y quimérica seda de este dosel arcano me envuelva en su danza, en su atracción irremediable, en su seducción coral de princesa sideral. El instinto se torna indomable y me sumo al rito de los diecisés, me sumo a la danza del delirio. Decididamente tomo el libro y lo abro para conocer su ansiado secreto. Tenue y delicadamente se esculpen desde mi voluntad imágenes de una nostalgia futura; silvidos en tres dimensiones que evocan al rito: se invoca el céfiro y la luna menguante, la sombra y el rayo penetrante, la tierra y su semblante...
Se acercan y me acerco a ellos , siento su respiro cerca de mi oído y no temo, no dudo esta vez, Debo partir nuevamente. Antes de dejar este ensueño de cuarzo, su música y su telúrica compañía elevo una plegaria: Intento, Intento, Intento... !Regresaré a este templo infinito junto a los otros, junto a la otra!

Voz de lo profundo,
Aster lunor,
Clamor del eco oculto,
Aster magel,
Siembra el ensueño en el mundo,
Aster tengis,
Eleva la luz de una nueva partida,
Aster lucens.

Hermano de la altura,
Aster Kunoel,
Hermana de la espesura,
Aster Ynoel,
Refulgente mirada,
Aster Kolus,
Incesante sombra dorada,
Aster Bey.

Amigas y amigos de lo eterno: Levantemos serena y desprendidamente nuestra mirada hacia el horizonte. Contemplemos juntos y libremente nuestra senda bajo las alas intento. Seamos testigos y protagonistas de nuestro encuentro con el infinito.

Muchas bendiciones para esta semana.



Tuesday, January 30, 2007

El ajedrez cósmico


Mirar desde atrás, escucho decir a la última voz en terminar de hablar. Mirar desde atrás, y son los instantes en que comienzo a sentir nuevamente esta devastadora soledad de estar aquí, en medio, a la orilla, al costado del todo y la nada, navegando este desierto y siendo parte de este viaje sideral. Me pregunto si en verdad estas voces estaban presentes, me pregunto si me hablaban a mí, me pregunto también si son verdad; pero no tengo a nadie a quien preguntar, salvo a los fantasmas que me han perseguido desde el momento que decidí saltar el abismo y buscar a los otros: figuraciones del mundo que han entrado sin ser invitadas, clamores de miedo y autocompasión, en ocasiones falsas voces de consuelo que sólo quieren hacerme regresar, que me incitan a volver, a ser nuevamente parte de una existencia sin rumbo, pero mucho más fácil. A estas alturas del viaje, he dejado de repudiar a estos fantasmas, he dejado de sentir emoción y apego alguno por ellos; sólo están ahí, esperando su tiempo para volver a su sitio, aguardando silenciarse para siempre. Los he dejado hablar solos hasta que se desgasten, porque sé que ya no tendrán nada de mí; mi decisión ya esta tomada: he elegido este destierro. Es por eso que cada vez que los escucho, intento reírme con ellos, de la misma forma en que reía cuando oí por primera vez sobre la posibilidad de encontrar la libertad total.
Llego al silencio y nuevamente pregunto: ¿Por qué se habrán ido los otros? ¿Se habrán ido en verdad, o se encuentran esperando a que nos reencontremos en otra etapa de este camino?. Antes que pueda especular acerca de alguna respuesta y mucho antes de que pueda formular otra temerosa interrogante, siento la respuesta llegar hacia mi, y junto con esta, una merecida reprimenda del otro: "Ya lo sabes, Ellos están ahí y están también aquí, están espectantes y anhelantes al reencuentro, sólo sigue caminando, sigue buscando el lugar donde estamos todos Nosotros, todos los Otros, los viajeros en el cosmos".

Cuatro guardianas sin enigmas,
Otras cuatro vigilantes,
Ocho vientos de la luna,
Son la matriz de la altura.

Dos planetas espectantes,
En lo oscuro del instante,
Son como el mismo melisma,
Del delirio en cielo menguante.

Todas cardinales de dos caras,
Las pleyades, mismas insolentes del ayer,
Todas destellos, todas miradas;
Ocho sedas del presente,
Todas siempre las mismas.

Cuatro jinetes de plata,
Sobre las nubes escarlata,
Navegan tras la niebla sembrada,
Tras los vórtices que su clamor invoca.

El que sabe todo siempre lo que sabe,
El que sueña tras la sombra,
El mismo de la voluntad inquebrantable
Y el que no teme a la lucha infranqueable.

Todos los pilares del equilibrio,
Semblantes abierto del anhelo,
Todos Otros carmesí,
Cuatro espadas en pleno vuelo.

Trinos llegan desde la otra parte,
Señales y signos inmortales,
Son llaves viajando con la cruz,
Fulgor a velocidad luz.

Quienes enlazan la tierra,
Abrazan todo y lo despiertan,
Son la misma célula y oración:
El espíritu mismo y conexión.

Los últimos dos cuatro
Cuatro para servir,
Sólo entrega humilde y corazón,
Dar siempre vida, vida en comunión.

Queridos compañeros de viaje: Siento que poco a poco estamos encontrando el corazón de esta ruta, es por eso que sigo aquí, manteniendo la firme esperanza de que podremos cumplir con nuestra leyenda personal: llegar a nuestro cuerpo infinito. Sigo aquí, trazando poco a poco la bitácora de nuestra partida. No estoy solo, la luz de los signos del alma y el intento, mi compañero inseparable, me ayudan en esta amada búsqueda; Así juntos, recogiendo cada rastro que el Espíritu nos pueda dejar, llegará el tiempo en que cada uno de nosotros abrirá las puertas que nos separan de la fuente de eternidad.

Hanyrya eruana-el, amo-el.


Tuesday, January 23, 2007

El llamado de los otros


Nuevamente estoy aquí y casi sin darme cuenta, he vuelto a la visión que transformó por completo mi existencia y me ha convertido en un viajero del infinito, un amigo de lo eterno.
Sentado nuevamente en la gran catedral de cuarzo pienso en mi despertar, siento cada estalactita de este templo como célula de mi sangre, siento los colores de la caverna, y también, siento todo lo que dejé atrás; todas las personas, todos los recuerdos, mi historia personal. Trato de rememorar emociones pasadas, energías olvidadas y pretéritos instintos que me lleven a entender donde estoy, a saber porqué quise escapar del mundo y encontrar una salida. Y pregunto y pregunto porque sé que hay algo más, sé que esta catedral solo está aparentemente inerte, sé que no estoy solo, se que me buscan y quiero que me encuentren porque también los estoy buscando, los estoy buscando a todos para que podamos iniciar una nueva partida.

Logro divisar una pequeña luz ambarina cerca de lo que se podría denominar el altar de esta catedral, llamo a mi voluntad y ya estoy en ese lugar. Frente a mí un inmenso órgano a tubos de dimensiones irreales: cada tubo de este telúrico instrumento traspasa este cielo sepia como un gran conjunto de lanzas, que pareciesen mostrarme con cada uno de estos delirantes pilares una dirección a seguir, una invitación a continuar esta odisea. Continúo pasmado con este dantesco espectáculo cuando escucho una primera nota: Un misterioso viento que pone en alerta todos mis sentidos; La segunda nota: Un saludo ancestral y una presentación; La tercera nota: Una invocación al universo que parte como un rayo al infinito, buscando vida donde quiera que haya, y encontrando a su paso, las más indescriptibles expresiones de vastedad. A medida que cada nota se entremezcla con otra, comienza a gestarse la más verdadera expresión comunicación, un inconmensurable tejido de completitud, un cuerpo eterno, que poco a poco se transforma en una voz grupal, una armonía de común unidad.

Nosotros somos los otros,
El ancestro, la frontera cristalina,
Somos nosotros el océano,
Somos la grieta ambarina.

Somos los despiertos y los dispuestos,
Hoy somos Nosotros, porque nos hemos descubierto.

Hemos sido siempre los otros, pero estábamos escondidos,
Desterrados, separados en olvido;
Hemos sido siempre uno, pero estábamos perdidos;
Solitarios y cansados, incomprendidos,
Huellas temerosas,
Células sin sentido.

Somos los otros,
Hoy hemos renacido,
Somos los que ayer fuimos,
Los que somos, seremos y sido;
Somos presente, punto y anclaje,
La bitácora del gran viaje.

Somos los jinetes, los portales y los guardianes,
Somos los que acechan, los que viajan y los que aman;
Somos nosotros los otros, los guerreros incansables:
Somos las torres, los vigías y las luces que claman.

Nosotros somos hoy;
Nosotros mismos, los que antes lloramos;
Siempre hemos sido los Otros, todos siempre hoy.

Hoy despiertos los Otros,
Somos fruto y oración,
Futuro, salto y caída;
Abismo celestial: principio del final.

Somos ajedrez en destino,
Corpus latente,
Leyenda, tejido viviente.
Somos forma, liturgia conciente;
Energía en sinergía,
Frenesí cristalino.

Somos los otros,
Somos el Espíritu que en el poder se revela;
Somos los otros,
Somos camino, luz de la vela.

Hoy siempre otros;
Inmortales, confín sin fontera

Somos Nosotros los Otros,
Los que marcharemos tras el sol,
Nos iremos al arrebol;
Partiremos desde el amor, hasta el delirio fecundo,
Embarcaremos hacia el intento, rostros, último segundo;
Nos iremos del mundo,
Nos iremos,
Partiremos.


Queridos compañeros de viaje: Ha sido imposible para mi el no querer compartir los pormenores de este gran viaje, es por esto, que me he legado la tarea de compartir esta experiencia, esta invitación abierta a un camino conjunto para un NOSOTROS, senda construída en el intento, la voluntad y la conciencia.

Muchas bendiciones para uds.

Tuesday, January 16, 2007

Caleidoscopios danzantes


Me acerco lentamente a lo que parece ser una cueva; la verdad de las cosas, es que no se que tan lentamente, porque ya me encuentro aquí. Mis ojos se abren pesadamente, como si despertaran de un gran letargo, y poco a poco comienzan a enfocar, a realizar el eterno intento de explicar y de dar "forma" a lo que aparece en frente. Al parecer lo están logrando, pero de manera tan incomprensible que mis latidos comienzan a acelerarse hasta el punto de convertirse en una sola linea, un solo latido infinito y mortal: todo el lugar se encuentra rodeado por paredes líquidas y cristalinas, perfectos espejos danzantes, caleidoscopios que pareciesen adquirir vida y alimentarse de mi extraño latido lineal. Es más, parece que estos millones de acuosos espejos son cómplices de mi propio sentir, ya que bailan y bailan sin temor alguno, convirtiendo sus movimientos y colores en pareja perfecta de lo indescriptible. Mientras tanto, mi voz silenciosa sigue sigilosa en su rol de testigo unísono de este ágape de los sentidos.

Luego de que la euforia, propia de estar frente a lo que no se puede explicar, ha cesado un poco, me he percatado de que el movimiento de estas paredes, responde perfectamente a mi respiración y latidos, descubrimiento que me llevó inmediatamente a intentar todas las posibilidades. De esta forma, cada vez que evocaba algún tipo de sentimiento, las paredes de este habitáculo tomaban formas y colores distintos; en algunas ocasiones eran intrincadas figuras geométricas parecidas a la estructura molecular de la nieve, en otras, oscuras y amorfas conformaciones. Así continué por horas, tal vez días, tal vez años contemplando la infinidad de formas y colores que podían formarse a partir del sentido; en muchos momentos sentí una extraña familiaridad y cercanía con estas configuraciones, sentía que respondían perfectamente a lo que realmente soy, un sentimiento ancestral, una lucha expectante y anhelante, la esencia del ser. Sin embargo, también hubieron momentos de mucha lejanía, de angustia y temor, pero que de ninguna forma detuvieron mis deseos de buscar la figura perfecta, motivación que fue naciendo en el transcurrir de esta experiencia.

Llegué al momento clave, donde no podía recapitular nada más, al parecer había agotado todas las posibilidades, sin embargo, sentía que algo faltaba, había un lugar más que visitar, una figura más que conocer, un último color por ver. Es en ese momento donde nuevamente escucho la voz que me invita y me llama: conmita a la nada, al espacio vacío, donde habita el todo, donde habita el SER.


Verdad, que tienen los reflejos de la entonación silenciosa,
O los vientos rosáceos del crepúsculo amarillo;
Viven siempre cuando se les espere,
!Que impacientes de dar vida!

Mirándome en el reflejo,
Respirando figuras fugaces de un prisma,
Cuando siempre esperan y vivan;
Caleidoscopios, tejados inquebrantables.

Constelación que no has sido vista,
Canto umbilical de la última partida,
Espera de vivir en el siempre,
Sumergido en los roces del color.

¿Qué partidas tendrá el inconstante,
El siempre presente perdido?

Gota que se transforma en océano,
Clamor de metamorfosis,
!Ya estoy aquí!
No lo he olvidado,
No la he olvidado.


Compañeros de viaje: Que este camino esté lleno colores y figuras nuevas , y así hacer de cada una de éstas, un paso hasta la ansiada eternidad.


Tuesday, January 09, 2007

Catedrales de cuarzo


Sin saber donde estoy, ni recordar qué es lo que me llevó a sentirme de esta forma, decido abrir mis ojos (pese a saber que al momento de abrirlos, la sensación de vacío en el estómago volvería). Intento sobreponerme al recogimiento de saber que estoy siendo parte de una realidad distinta, intento no tratar de dar explicación racional a todo lo que está aconteciendo, INTENTO! INTENTO! INTENTO!... miros mis manos y antes que se deshagan, cambio mi vista hacia otro lugar.
Es de noche también, pero contemplo todo como si fuese de día; al parecer todo está tranquilo y en sospechosa calma. Parece que nada ni nadie advierte mi presencia, pero se que no es así, algo dentro de mi sabe que me buscan o sabe que debo encontrar a alguien pero: ¿A quién busco? ¿Cómo llamarlo? y ¿Qué es lo que estoy buscando precisamente?, algo dentro de mi lo sabe, estoy seguro de eso. Decido rápidamente caminar en alguna dirección bajo este mistérico cielo amarillento (aunque no esté caminando precisamente, ni tampoco tenga sentido alguno de la dirección que estoy tomando). Si tuviera que describir este lugar, diría que camino sobre un paisaje en sepia, donde todo está coloreado en tonos que van desde la tierra hasta el ámbar. Unas dunas que parecen estar hechas de sal se asoman por mi izquierda y me atraen tan profundamente que ya me encuentro en ellas: son inconmesurables estalactitas de cuarzo que se extienden formando un gran escenario, un laberinto; un interminable templo abierto coronado por las fugaces figuras que se forman en este extraño cielo. El solo hecho de estar aquí, de sentirme presente y conciente de estar presenciando esta escena, no hace más que aumentar el vértigo que tengo desde que abrí los ojos; sin embargo, el éxtasis y la completitud que llegan como la voz de una misteriosa brisa, hacen parte del olvido cualquier sensación distinta al de este telúrico espacio.
Escucho nuevamente la voz interior y callo mi diálogo para entenderla mejor. Me sugiere permanecer en este lugar, esperando a que estas extrañas conformaciones de mineral hagan su tarea; Soy obediente y permanezco aquí sin saber lo que es el aquí; quiero estar allá y también soy el allá, soy el vapor y el mineral, soy ambarino cielo y también la tierra, soy el invitado especial a ser partícipe de este ritual cósmico, de esta obra del intento, ceremonia de la vastedad.
Es entonces donde todo comienza a tomar vida propia.

Estoy lleno del vacío,
Colmado hasta el borde de la grandeza de la nada,
No existe espacio donde no habite la quimera,
No existe,
Porque estoy lleno de vacío.

Qué es lo que me prepara el misterio?
Hacia dónde fijará mi nueva vista?
En cuál de estos interminables surcos,
De este respiro,
Del espacio sagrado,
Del sigilo y del temblor
El fulgor,
La vida y la muerte,
El presente,
La agonía,
El éxtasis de girar eternamente;
En la rueda del tiempo.


Compañeros del ensueño, amigos de lo eterno: debemos caminar y dejar atrás: caminar para dejar atrás y dejar atrás para dar nuevos pasos. En esta existencia fugaz, no nos queda más que convertirnos en el espacio que nos rodea, transformarnos en la tierra, en el fuego, en el agua y el viento, y así buscarnos, y así encontrarnos. Dar con nuestra parte perdida, dar con lo que somos y siempre hemos sido, dar con el SER. No nos olvidemos que siempre estamos de paso y siempre seguiremos caminando, contemplando al infinito que nos espera. Por esto, es indispensable cargar con lo absolutamente necesario para nuestro gran viaje: un intento inflexible y un camino con corazón. Así nuestra voluntad se hará complice de nuestro gran sueño de libertad.

Mucha fuerza en este caminar.




Tuesday, January 02, 2007

El despertar


Abro mis ojos y contemplo las puertas sobre mi espalda. La luz de esta noche es tan enceguecedora que pareciese ser cómplice de la incertidumbre que nace en mí; seguramente, esta sensación es causada por por el temor a no saber qué es lo que está enfrente; Sí, debe ser eso, nada más que eso. Sin embargo, este autoconvencimiento, no es, ni nunca ha podido satisfacer mi duda, no es más que otra cara del temor a lo desconocido, no es más que la egoísta creencia de que podemos comprender el misterio del mundo, sólo importancia personal que en este lugar se convierte en un pesado lastre, una carga totalmente innecesaria para cualquier viaje; es por eso que debo dejarlo, debo dejarlo ahora mismo, no debo pensar en dejarlo, debo dejarlo.

Me he dado cuenta que en este lugar, la voluntad de acción y movimiento es distinta a lo que se podría llamar la voluntad del mundo cotidiano; seguramente se debe a que la sensación corporal en este plano es también muy diferente a la habitual: aquí, luego de dejar el peso que acarreaba, me siento vaporoso y ligero, sin temor. Aquí siempre es presente, y todo lo que es, lo es en tiempo presente. Como no existen en este mundo ni los remordimientos ni las expectativas, cada vez que los traigo desde lo cotidiano, son seguidos por profundos dolores, sensación de pesadez y náuseas, por lo que generalmente evito venir con estos invitados no deseados.

Este resplandor sigue aquí y nada puedo ver. Mis pensamientos son perturbados constantemente por el extraño efecto que produce esta luz ambarina en mi ser: una presión en la base del estómago que me compele a liberar algo escondido, a romper una pared desde dentro, a rasgar una vestidura que durante mucho tiempo ha estado en mi vida, a salir. Siento miedo, pero no es la misma sensación que sentía antes; ahora este miedo es vértigo, sensación de caer profundamente en un abismo, de explotar y convertirme en infinitas partículas del universo y sentir que cada una de ellas tiene conciencia de si misma. Estoy en todas partes y también estoy en ninguna parte, el vértigo no sesa, por el contrario, aumenta su intensidad. Siento que no aguanto más, estoy muriendo, pero nunca antes me había sentido más vivo, el desenlace es inminente y de pronto: un grito sordo.

Me llama esta presencia,
Futuros, luces esencias,
Me llama esta presencia,
Destello de la conciencia,
La conciencia, la conciencia!!!

Por un momento todo se convierte en soledad, abro mis ojos y estoy de nuevo en el mundo, la luz es la luz de un día del mundo y todo es igual. No!, nada es igual, me dice una voz a mi izquierda. Miro en todas direciones y no hay nadie. Hoy has despertado, me dice otra voz. Esa voz solitaria se multiplica y noto que no es sólo una , sino son varias, femeninas y masculinas. Cada una de ellas parece decirme algo y luego sonreir.

Despues de un largo lapso de explicaciones, confusiones y cansancio, me convenzo de que nunca podré sistematizar racionalmente toda esta experiencia, debido a que cada uno de los elementos que la componen, no pertenecen ni se asemejan a las experiencias a este mundo, no existen conceptos en mi inventario para tratar de darles forma. Humildemente trato de resignarme a la tarea de recapitular lo vivido y guardarlo en mi ser.

Quisiera saber a quién pertenecen estas voces, y algo en mi responde: Todo a su tiempo.

Queridos compañeros de viaje: quisiera resumir todo en una palabra:

INTENTO!

Monday, December 18, 2006

La soledad del guerrero



Nuevamente nos enfrentamos a la inmensidad, camino sin retorno compartido por los amigos de lo eterno; abismo sin fondo que nos atrae y nos seduce. Esta noche, la realidad expuesta abiertamente en nuestros sueños nos invita a conocer la soledad de sabernos incompletos, enfrentados a la constante agonía, incontrolable sed de otredad que cala lo más profundo de nuestro ser.

¿Pero qué es esta soledad? ¿qué es esta sensación de sentirnos parte de la nada? ¿qué nos hace seguir en pie, y qué buscamos en nuestro viaje?

Son tan pocas las certezas que llevamos dentro. Nuestra piel se estremece frente a lo desconocido. Nuestro anhelo se confunde; no podemos encontrar respuestas en el mundo, ya que en el mundo sólo hay respuestas del mundo; nuestras lágrimas no están en este mundo, nuestro consuelo tampoco. Nuestro clamor se escucha tan bajo, hay demasiado ruido. Estamos parados frente a la nada y todo nos parece ajeno, todo es tan desconocido. Hemos caminado los pasos del mundo y recorrido días de igual color, por eso sabemos que ni los pasos ni los días son tales. Recurrimos a nuestra memoria, pero tampoco está ahí nuestra respuesta, nos sentamos a pensar, nos levantamos y seguimos pensando, nos volvemos a sentar y no hay nadie. ¿Dónde están todos?

Nuestros gritos están sordos y al mismo tiempo no lo están, porque hay una voz. Una voz que no nos deja detenernos; caminamos y avanzamos en la oscuridad. En estos momentos, la soledad dse convierte en hermana y amiga, así nuestro canto vuelve a nacer del desierto:

Desde tu piel hasta la llanura soledad,
siempre corre, siempre estás.
Con el frío en tu garganta,
El nudo de tu fidelidad desterrada:
Inalcanzable inagotable mirada.

Tierra lágrima triste,
Sangre amada, vida desangrada.
Mordida fiel,
Lobo que amas cuando estás herido,
En el pecho abierto,
En el sello indeleble del infinito,
Ansia sin ansiedad;
Sólo tu sed alma ensoñada,
Sólo tu sed,
Lobo de la soledad.

Queridos compañeros de viaje: El camino es difícil, muchas son las pruebas y las dificultades que debemos sortear en esta ruta; muchas de estas pruebas están puestas en nuestro camino para que nuestro espíritu pueda crecer y madurar. Para los viajeros del infinito, la soledad se transforma en sabiduría, en acompañante misteriosa que nos despierta en tiempos de flaqueza. Dejemos que esta voz guíe nuestro caminar hacia el horizonte y que la duda se transforme en fuerza transformadora.

Barre con la pena, toma tu armadura y ponte de pie. De vastedad está hecho el sello grabado en tu ser.

No te confundan los espectros de la llanura
Nunca dudes de tu destierro
Mira tu vida, rompe tu historia
!Sale a caminar!


Monday, December 04, 2006

La mente es el volador


Otra noche de otredad, otro momento para nacer desde las cenizas de nuestra otra parte. Esta noche nos estamos viendo y tú también lo haces; vamos, navegamos y regresamos casi eternamente en los parajes del universo. Nos podemos ver efectuando extraordinarios actos; nos seguimos viendo. En este tiempo sin forma hemos podido perder el miedo, y seguimos caminando, avanzando por dunas de sal y sagrados espacios siempre silenciosos, que hablan siempre a nuestro interior. Seguimos andando y este camino parece ser de años. Sin embargo, este tiempo no nos hace pesados, por el contrario, constantemente nos transformamos en río y afluente, en lava refulgente de la oscuridad, en viento y profundidad. En este momento somos el ser que siempre hemos esperado, el que siempre hemos sido, somos porque nos estamos recordando, y mientras lo hacemos, podemos percibir el tejido luminoso que nos separa del infinito. La fluidez de esta noche nos muestra la verdad irrefutable de nuestro ser luminoso, cuyo potencial se encuentra más allá de los límites de nuestra razón.

- Nuestra razón?
- Así es sombra amiga. Tal cual hemos descubierto, es la razón la que nos hace sentir limitados, vernos incapaces, mejor dicho, no deja vernos.

Pero esta noche es especial. En nuestro acecho hemos tenido un encuentro; hemos descubierto a un alojado sin invitación. Hay alguien que descansa tranquilamente porque sabe que no lo están buscando, simplemente no lo hacemos porque no sabemos que existe. Sin embargo, nuestro sentido lo ha visto de frente, ha visto su ardid y su intención, ha visto cómo se nos extrae parte de nuestro ser, cómo vive alimentándose indiscriminadamente de nuestra energía vital. En la cotidianeidad lo percibimos como frustración, enojo sin justificaciones, rabia sin motivos, deseos de permanecer quietos y principalmente en la falsa creencia de que somos seres terminados, a quienes no se les puede ayudar. A esto lo llamamos ego. Este ego es quien niega nuestras posibilidades.

- ¿Cómo podemos reconocerlo?
- Sabemos que aloja en lo que llamamos mente y que su mayor engaño es hacernos ignorar o negar su presencia. Constantemente intenta manipularnos e imponer la falsa idea de que tenemos total control sobre nuestra vida y nuestros actos. No obstante, si esto fuera así, siempre podríamos elegir estar bien. Este volador es una gran barrera que se nos interpone en el camino hacia la libertad, ya que es él quien nos limita a vivir en un inventario de conceptos e ideas que satisfagan nuestra idea de mundo, que satisfagan nuestro enorme ego. Así, fácilmente muchos seres humanos viven toda su vida sin saber de su existencia, toda una vida creyendo por realidad sólo una interpretación, una imagen de esta. El ego nos nos lleva a olvidar, a cerrar y ajustar nuestra existencia a un patrón dado, donde los sueños no pasan de ser tales y llegan a ser parte del cajón llamado fantasía. Por ejemplo, en el deseo de volar, el deseo de libertad, en la posibilidad de percibir y recibir la llamada hacia el infinito. Aquí, la misma historia humana nos ayuda a corroborar la existencia del volador, donde todo quien se ha atrevido a hablar de libertad y de sueños , ha sido catalogado como loco, insano y enfermo. Ese es el gran truco del volador, hacernos creer que no existe.

Pero esta noche es distinta, y mientras duerme este alojado, liberaremos nuestro delirio de libertad a través de esta crónica, que es canto vivo a la conciencia, nuestro bastión, nuestra torre en tiempos de tempestad. Somos seres en guerra, y como tales, nuestro canto del presente nos invoca a moldear nuestra percepción nuevamente.

Cuidado con la serpiente,
Cuidado del cascabel,
No juegues con la suerte
Con la muerte en el papel.

Compañeros de viaje: Por mucho tiempo se nos hizo creer que teníamos límites para nuestro ser, hoy sabemos que no los hay. Como en todos nuestros encuentros, la invitación es a elegir un camino con corazón y permanecer despiertos, con nuestras pupilas siempre atentas. Que hayamos reconocido al enemigo, no significa de ninguna forma que le hemos ganado. Quien quiere hacerte creer que ya has triunfado es el mismo volador!

Quienes conocen el camino, tienen certeza que la lucha es hasta el último día, hasta el último segundo y como decía un guerrero: Sólo hay tiempo para la libertad.

Sidera Lantay.